Lo que el fusil no explica: Indepaz propone leer a los grupos armados desde los territorios
Saber qué grupo armado opera en un territorio no explica por sí solo la violencia que ocurre allí, plantea Indepaz. Su director propone invertir la pregunta: entender qué formas de autoridad busca transformar la violencia.
Colombia
El contenido del gráfico está desarrollado en el texto de abajo.
La pregunta con la que empieza todo
Después de una masacre, del asesinato de un líder social o de un desplazamiento forzado, la primera pregunta casi siempre es la misma: ¿qué grupo armado fue? Identificar al responsable es una obligación ética, política y judicial. El problema, señala Leonardo González Perafán, director de Indepaz, es cuando esa pregunta también se vuelve el punto de llegada.
En su ensayo Lo que el fusil no explica (3 de agosto de 2026) sostiene que durante años aprendimos a leer los territorios desde los grupos armados, y que esa mirada ya muestra sus límites.
Qué cambia al invertir la pregunta
Si preguntamos «¿qué grupo armado fue?»
- El territorio queda reducido a escenario donde el actor armado actúa.
- Se nombra al responsable y ahí termina la explicación.
- La prevención llega siempre después de los hechos.
Si preguntamos «¿qué poder está en disputa?»
- El grupo armado aparece como un actor más dentro de una realidad más amplia.
- Se hace visible qué formas de autoridad busca eliminar la violencia.
- La prevención mira los liderazgos y las organizaciones, no solo los combates.
Las armas no crean la realidad local. Llegan a intervenir sobre esa realidad.
Ningún grupo armado llega a un espacio vacío
Cuando un grupo armado entra a una región, encuentra algo que ya estaba: autoridades indígenas con gobierno propio, consejos comunitarios afrodescendientes, juntas de acción comunal, organizaciones campesinas, de mujeres y de jóvenes, iglesias, sindicatos, instituciones, conflictos por la tierra y economías legales e ilegales.
La violencia transforma, debilita o somete esas relaciones según sus intereses, pero ninguna organización armada construye desde cero la realidad sobre la que pretende imponer su poder. Por eso una misma estructura actúa de manera muy distinta en un lugar y en otro: depende de las comunidades, las autoridades y las instituciones que encuentre.
Tres territorios que lo muestran
- Norte del Cauca. Autoridades indígenas, consejos comunitarios afrodescendientes y organizaciones campesinas conviven con economías de la caña, la minería y los cultivos de uso ilícito. Cuando un grupo armado asesina a una autoridad indígena o amenaza a un presidente de junta, no crea un orden nuevo: ataca formas de autoridad que ya existían.
- Buenaventura. El principal puerto del Pacífico es mucho más que la disputa entre bandas por un barrio o un corredor: identidad afrodescendiente, consejos comunitarios, iglesias, organizaciones juveniles, sindicatos e intereses ligados al comercio internacional. Mirar solo a los actores armados impide ver lo que ha permitido que la ciudad resista.
- Catatumbo. Cada escalada suele explicarse por el ELN y el Estado Mayor de los Bloques y Frentes, pero el conflicto empezó mucho antes: colonización campesina, conflictos por la tierra, economía cocalera, petróleo y la frontera con Venezuela. Cambian los actores; permanecen las disputas.
Por qué la violencia ataca a quien no es una amenaza militar
Un gobernador indígena, un presidente de junta, un líder campesino o una lideresa ambiental difícilmente ponen en riesgo la capacidad armada de una organización. Lo que representan es otra forma de autoridad y de legitimidad, y en muchos territorios ese es el principal obstáculo para quien quiere imponer su dominio por la fuerza.
Vista así, la violencia no busca solo sembrar miedo: busca redistribuir el poder. Eso conecta hechos que solemos analizar por separado: el asesinato de líderes sociales, las amenazas a autoridades étnicas, las presiones sobre las juntas y el reclutamiento de menores.
El texto retoma la noción de regímenes de poder violento de Camilo González Posso: más que un concepto nuevo, una invitación a cambiar la pregunta —no solo quién ejerce la violencia, sino sobre quién recae y qué busca transformar—.
Qué implica para la prevención
Si los grupos armados intervienen sobre territorios que ya tienen sus propias formas de organización, prevenir deja de ser solo anticipar un ataque. Implica ver cuándo se debilitan los liderazgos comunitarios, cuándo las autoridades locales pierden capacidad de decisión y cuándo las instituciones dejan de ser legítimas.
Lo mismo vale para la construcción de paz: los acuerdos salvan vidas y reducen la violencia, pero no transforman por sí solos las disputas del territorio. Si siguen intactas, tarde o temprano aparecerán otros actores a ocupar ese espacio.
Por qué le interesa a Arauca y Casanare. Aquí también hay juntas de acción comunal, autoridades indígenas, organizaciones campesinas y economías en disputa que existían antes de cualquier estructura armada. Leer la seguridad desde esas relaciones, y no solo desde el mapa de actores armados, es lo que permite prevenir en lugar de reaccionar.
Fuentes
- Indepaz, Leonardo González Perafán, «Lo que el fusil no explica», 3 de agosto de 2026 — https://indepaz.org.co/lo-que-el-fusil-no-explica/


